martes, 1 de julio de 2008

treinta y dos dólares

La vida moderna nos exige sacrificios todos los días, correr en las mañana para estar listos para el día, correr al supermercado, hacer compras, el gym, a veces no tenemos tiempo ni para comer de una manera sana y relajada.

El correr diario en las grandes metrópolis es asfixiante, y San José en Costa Rica no es el excepción, una ciudad algo desordenada y a veces con demasiado contaminación, tanto visual, smog, sónica, basura por todos lados, y no tenemos tiempo de calidad para nosotros mismos, por lo menos tener un contacto intimo con la naturaleza para relajarnos de los días, semanas y meses de estrés.

La música me relaja, creo que es el idioma universal, aunque un profesor de la Universidad de Costa Rica, me decía que las matemáticas son el idioma universal, y me puse a pensar, la música y las matemáticas se entiende en Costa Rica y en China.

Volví a ver la película
El Violín Rojo, donde Joshua Bell hace varios solos con su magistral violín. Es mi violinista preferido, es magistral y soberbio a la hora de sacarle las notas a su fenomenal violín.

A como Daniel Baremboim, dice que la música puede acercar a los pueblos, con su maravillosa orquesta, donde judíos y palestinos comparten con la música, para mi es Su Majestad la Música.


Joshua Bell

Paradojas: la música, o lo que algunos entienden por eso, ha tomado por asalto nuestras vidas y nos bombardea sin misericordia desde el supermercado, la cafetería, el coche del vecino de atasco y el interminable ascensor; a la vez, nuestra ignorancia en cuestiones musicales casi roza el analfabetismo. Míralos: esos artistas de la legua que en las calles principales de nuestras ciudades pulsan con resignación guitarras, acordeones y pífanos, sin conseguir de quienes pasean más que un gesto de hartazgo o prisa; tal vez, por qué no, entre ellos se oculten maestros secretos, prodigios del aire y la cuerda que nuestra perfecta ignorancia deja pasar de lado como si fueran monedas de chocolate. Ha sucedido. En enero del 2007, el Washington Post convenció a Joshua Bell, uno de los violinistas más prominentes de la nueva generación, para que se sometiera a un experimento de los que hacen comprender muchas cosas.


Stop and Hear the Music



Bell, que la noche previa había reunido a varios millares de personas en la Biblioteca del Congreso para que le aplaudieran hasta lesionarse, se dedicó a tocar su Stradivarius de 1713 en una parada de metro de Washington en hora punta. Dedicó cuarenta y cinco minutos a arrancar a su sobrenatural instrumento obras de Brahms y Schubert, por no hablar de las partitas de Bach, donde el violín demuestra sin ambages que Dios existe. El resultado fue una riada de oficinistas que no tenían tiempo para milagros, señoras con carritos a punto de arrollar la música, siete personas que se detuvieron durante un minuto intuyendo que allí sucedía algo y una chica desorientada que acabó por reconocer a Bell porque el día anterior se había gastado medio sueldo en escuchar el mismo prodigio que ahora tenía ante las narices de balde. En total, la gorra de Bell recaudó treinta y dos dólares.

18 comentarios:

Carlos Alberto Arellano dijo...

Roy:

Ahora recuerdo que me gustó muchísimo la serie documental, sobre la historia de la música, conducida por Yehudi Menuhin. Es una pena que, por entonces, no tenía un videograbador.

Bueno, pienso que casi todas las personas que oyeron la música de Joshua Bell ese día, sencillamente no fueron capaces de reconocer su belleza. Están más acostumbradas a canciones sencillas, a melodías pegadizas, a los éxitos populares del momento.

Estamos rodeados de increíbles maravillas en música, pintura, literatura, ciencia, etc. Pero muchos no son capaces de ver esas maravillas, de disfrutarlas, de sentirlas en lo profundo. Han crecido en un ambiente cultural muy limitado, con muy poco interés en todo aquello que no esté dentro de lo que está de moda en este preciso momento.

Saludos.

Anónimo dijo...

Mi lindo el comentario, y el chiste "donde el violín demuestra sin ambages que Dios existe".

Ja, Ja, Ja.

mi despertar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mi despertar dijo...

La música calma el alma y nutre los sentimientos mientras la sangre se alberga en un tormento.
La música llena mis sentidos dejándome tranquilizar en el olvido.
Besos y vino para vos

OLGUIS dijo...

muchas gracias la verdad que el post que puse hoy quedo chevere.
Saludos y gracias por visitar mi blog de cocina.
olguis.

Roberto Esmoris Lara dijo...

La anécdota que cuentas de Joshua da para pensar ¿Estaremos tan enajenados, tan narcotizados por la rutina, tan idiotizados por el consumismo?...Joshua, en medio de la marea humana deja de ser un artista y pasa a ser un ignorado más.
Un abrazo, Roy, y no dsejes nunca de mirar el mar (¿nos convertiremos en "adoradores de la rosa química", de Poeta en Nueva York?)
Hasta pronto
REL

Gizela dijo...

¡Vaya historia!
Y así como tantos pasaron de largo, sin imaginarse a quien tenían la oportunidad de escuchar, igual pasa con talentosisima gentes, de todas las esferas, que pasan por el mundo, sin que nadie se de cuenta de sus talentos, perdiendo ellos y nosotros.
Imagino que Joshua, tendrá guardados los treinta y dos dolares, como recuerdo, de la "ilógica" que rige nuestro mundo actual
Un abrazo Gizz

Evan dijo...

No conocía esa historia de Joshua Bell, me impactó!

Esto demuestra que muy pocos conocen de música, todos esos que pasaron cerca de Bell, casi lo ignoraron...

Tenemos los oídos adaptados a escuchar "chatarra".

Un besito, Roy!

gonzo dijo...

tengo que ver esa pelicula...

Terox dijo...

Para mí esa película es una verdadera JOYA. El contrapunto de las historias, la música, los distintos idiomas... Gonzo, de verdad, a la primera oportunidad, alquilela...

Yo creo que, como todo, para apreciar algo así, debemos estar receptivos, y es precisamente lo que una gran ciudad y la "carrera de ratas" moderna no nos permite esos "lujos".

Capricornio dijo...

Es una buena reflexión, grato comentario de resaltar la música y especial el violín.
Veo en tu perfil una combinación interesante de elementos, incluyendo la biblia y más. Me gustaría saber como está tu perspectiva espiritual, hay más que religiones, todo se liga con las circunstancias de la vida moderna.
Tengo otro blog www.capricorniodeluz.blogspot.com donde te recomiendo una lectura de la Novena profesia...

Carlos Alberto Arellano dijo...

Roy:

Aquí tienes lo que me pediste:

Estos dos discos compactos contienen todas las imágenes, datos y audio que se envió al espacio, en 1977, a bordo de las naves espaciales Voyager. Incluyendo (¡por supuesto!) Arroyos que fluyen. (Verás el título de esta pieza de música china en la lista que está a la derecha.)

Enlace:

Murmullos de la Tierra

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

vfwntCarlos Alberto:
Creo que la vida acelerada de este mundo tan moderno, no nos permite disfrutar las cosas más simples y más bellas que el Creador no da.
Saludos

Anónimo:
Cada uno siente a Dios de la manera que más le parece.
Saludos

Mi despertar:
Yo también siento eso de la música y algo más.
Saludos

Olguis:
Saludos

Roberto Esmoris:
Bienvenido de nuevo, si la vida nos ha narcotizado en esta era globalizada.

Ojala las rosas no se sigan marchitando.
Saludos

Gizela:
Son los $32 más duros de ganar de Joshua Bell, de fijo los gasto.
Saludos

Evan:
La cultura en todos sus ámbitos, no nace de un día para otro en el ser humano, debe ser cultivada y amada, por eso no lo reconoce.
Saludos

Gonzo:
Definitivo debes verla.
Saludos

Terox:
Es una verdadera joya como bien lo apuntas, a través del tiempo, la he visto varias veces me encanta los solos de Joshua Bell.
Saludos

Capricornio.
Gracias por la recomendación y soy cristiano evangélico.
Bienvenida.
Saludos

Carlos Alberto:
Muchas gracias, como siempre tan atento.
Saludos

Carlos Alberto Arellano dijo...

Roy:

Muchas gracias por incluir mi texto. Descubrí un error. ¿Puedes corregirlo?

Aquí está el error:

Después de esas marchas tan largas, tan dolorosos


tan dolorosas (con a)

Saludos.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Roy:

Y en:

la única respuesta a todo, a cualquier deseo, por mínimo que fuera, a cualquier necesidad elemental, era siempre, invariablemente, un

no

rotundo y despiadado.


Por favor, pon el no en cursiva.

RAMMSES dijo...

A veces soy uno de los pasa a toda maquina siempre contra el reloj, a veces me detengo y veo como el mundo se devora así mismo en un frenético ritmo.

La trivialidad, e insulso hedonismo de la gente.

Sabía de J.Bell.

La música es un poder incalculable y sobre todo es universal.

Un abrazo amigo.

Oak dijo...

Aplaudieron hasta lesionarse, jeje, me gustó esa frase.

Roy, siempre he escuchado las noticias cuando personas hacen un cambio radical en sus vidas y casi siempre es el mismo tema.

"Después del infarto, mi vida cambió, ahora aprecio más los momentos"

"Cuando estaba en medio de ese accidente le pedí a Dios otra oportunidad, ahora mi vida tomó otro rumbo"

"Nunca pensé que no estaba haciendo nada con mi vida, ahora veo las cosas tan diferentes"

Y puedo seguir hasta "lesionarme", el punto es, que porque tenemos que llegar a esos puntos de quiebra para entender que la vida nos puede dar momentos increíbles a cada paso que damos, que podemos apreciar la buena música, la buena comida, el arte, el silencio, tan solo con prestar más atención a lo cotidiano.

Joshua Bell, es increíble, si algún ladrón hubiera tenido sus ojos "bien abiertos" no se le escaparía de las manos un violín de varios millones de dólares, pero eso es lo que pasa, no nos detenemos, las ciudades son asfixiantes y nos dejamos llevar por la corriente, sin destino, sin calidad, sin la belleza de solo vivir.

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Oak:
A veces la gente no aprecia lo que tiene frente a sus ojos, y es una verdadera lastima, que eventos extremos en sus vidas, se lleguen a dar para apreciar cosas tan sencillas como caminar, trotar, andar en bici, o cosas maravillosas como un genio de la música.

Es definitivo este tiempo extremo en el que vivimos que nos hace correr por nuestras vidas, no nos deja vivir el día a día, sin estar vendados, y así no podemos ver más allá de nuestras narices.
Saludos